El término “La cortina de humo”,
tiene su origen en el ambiente militar y se utilizaba para definir al humo
provocado para impedir que el enemigo vea los movimientos de la tropa propia en
una batalla. Más adelante, ese término fue acuñado para definir a aquellos
acontecimientos ficticios que hacen que los individuos desvíen su atención de
los temas importantes.
Entonces, al mirar la película “La
cortina de humo” (Wag the dog – 1997) podemos identificar al instante la
definición particular del término. La historia principalmente se basa en un
grupo de profesionales de la comunicación que son contratados por el actual presidente
de los Estados Unidos para poder amortiguar el impacto de las declaraciones de
abuso sexual a una menor por parte del primer mandatario. Para ello, el grupo
de profesionales liderado por un experto en el “show bussines”, creará “la
cortina de humo” mediante una guerra ficticia entre EEUU y Albania. El escenario
fue creado de tal manera, que los ciudadanos del país se convencieron de que
Albania (un país poco conocido por los habitantes de EEUU) estaba atentando
contra ellos y, el actual presidente, estaba trabajando en pos de la
finalización de la guerra fortaleciendo así su imagen ante la llegada de un
nuevo período electoral.
En el contexto antes mencionado,
sin dudas, “La cortina de humo” podría determinar o anticipar una actual
realidad: los medios tienen poder, y éste determina que es lo “verdadero” o “falso”. Se puede decir a partir de esto los
medios de comunicación pueden ser entonces los productores de la verdad, es
decir, ser sus propios creadores sin recurrir a las fuentes oficiales de cualquier
tipo de temática a tratar. En la actualidad, de todas maneras, el panorama se
vuelve aún peor.
Si pensamos que “Wag the dog”
anticipa un futuro en el que cualquier escándalo a nivel político podrá ser
desviado simplemente recurriendo a profesionales de la comunicación, sería una
visión acotada de lo que realmente sucede. Porque no sólo en la actualidad los
medios producen su propia verdad para poder desviar la atención de los
consumidores por un único interesado (como lo es el presidente en la pieza
cinematográfica), sino que los medios conforman un cuarto poder y como tal,
responden a diversos intereses tanto políticos, sindicales, sociales y de ámbito
privado (como puede serlo, el dueño del medio) mancando entonces lo que se
denomina “la línea editorial”.
Para ello no es necesario solamente
con “crear una guerra ficticia”, los medios también precisarán que el público
consumidor se involucre con eso y produzcan sus propios contenidos. Estaríamos
hablando ahora de una nueva definición: los prosumidores.
Pero si trazamos una línea
histórica, la influencia mediática, podríamos remontarla hasta la llamada “Guerra
de las galaxias” (1983) entre Estados Unidos y la URSS donde la superación iba
de la mano de logros a nivel mundial por parte de las dos potencias que eran
informados en los medios de comunicación (sucesos que se han investigado con la
sospecha de que hayan sido falsos y su utilización fue como mecanismo para
fortalecer a cada una de las potencias); o incluso antes con “La guerra de los
mundos” de Orson Welles (1938), irrumpiendo en un estudio radial de la CBS para
relatar el desastre que acontecía la humanidad ante una invasión extraterrestre.
Se puede pensar que el término “la
cortina de humo” quedó obsoleto, pero sin dudas, en la actualidad su sinónimo sería “Fake News”.
Comentarios
Publicar un comentario